EN CRIAVE EL CONFLICTO SE PROFUNDIZA

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Los más de 200 despidos en Absolon, empresa que quedó a cargo de la planta de Criave en Roque Pérez, fueron pensados para que pasen de largo sin pagar un peso de indemnización y casi perder días de producción. Es una verdad a voces que Absolón sería una creación de la familia Perea, que como en ocasiones anteriores, habría presentado la quiebra de Criave para retomar la faena de pollos con Absolón, desembarazándose de la mitad del personal sin poner un peso.
 
Una parte fundamental del plan era el rol de la Verde del STIA, que deliberadamente se había declarado incompetente alegando que “la nueva empresa no tiene sindicato ni delegados”, desentendiéndose de cualquier defensa de los despedidos ni tampoco de los que seguían adentro, a pesar de haber declarado públicamente que “Absolón era Perea”. Los dirigentes del STIA que visitan muy cada tanto Roque Pérez hicieron caso omiso de las promesas de Morán de “no dejar pasar ni un despido” en ocasión de las elecciones provinciales de 2016 en las que enfrentó a la Naranja.
 
Los trabajadores entran en escena
 
Luego de un arduo proceso de organización, un sector de trabajadores despedidos resolvió en asamblea una serie de bloqueos, impidiendo la entrada y salida de camiones. Esta decisión se dio luego de un extenso recorrido de reclamos a través del diálogo y se da luego de un debate con la Agrupación Naranja en la que se planteó con claridad que para que exista una negociación con la patronal era necesario afectar la producción.
 
La medida de fuerza obligó a STIA a modificar su postura y reabrir un debate con los despedidos, planteando que ellos no se metían en los métodos de reclamo, que solamente apoyaban lo decidido por las asambleas. Esta modificación no tiene nada que ver con la defensa de los puestos de trabajo, sino simplemente como un intento por encarrilarle las negociaciones a la patronal.
 
La empresa, forzada por la situación, inició una campaña entre los trabajadores no despedidos para que reclamen la represión de los piquetes de sus compañeros, a la vez que pedía una tregua de quince días a los que encabezaban los bloqueos. La especulación general es que los empresarios están a la expectativa del fallo judicial de la quiebra, que podría desequilibrar toda la situación. Eso explicaría los quince días.
 
Asamblea general
 
La fuerza de la situación obligó al STIA a convocar una asamblea general de despedidos y no despedidos y a delimitarse de la juntada de firmas pidiendo represión entre los de adentro. La asamblea común resolvió una campaña opuesta: juntar firmas entre los que no están despedidos ¡en apoyo al reclamo de sus compañeros de afuera!
 
Esta modificación sustancial de la relación de fuerzas llevó a la empresa a buscar una negociación. Así es que se convocó a una reunión para el día viernes 8 de febrero, en la que los despedidos tendrán sus propios representantes. Hasta esa reunión los despedidos aceptaron levantar los bloqueos.
 
El plan de lucha de los trabajadores despedidos de Criave ha puesto en jaque la quiebra fraudulenta de los Perea y ha demolido la complicidad de la Verde del STIA. Es una demostración contundente de la caducidad de la orientación conciliadora presente en la directiva del sindicato y del surgimiento de una nueva camada de dirigentes que se ponen al hombro la organización y la lucha de los trabajadores.
 
Desde la Naranja estamos a muerte por el triunfo de esta lucha.
Pablo Busch
 

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